Entre E.Coli  y Gaia.


Entre Escherichia coli y el superorganismo planetario.



Por mi insistencia en querer regresar al mundo de las bacterias procariotas,
muchos podrían considerarme un filósofo nostálgico.

Al contrario veo en este viaje un motivo de alegría y de esperanza.

No tenemos el tiempo de volver a los detalles de la transición entre
estructuras físicas y estructuras vivas o sea a la transición entre materia y
vida.

Las estructuras vivas las más simples son estructuras metabólicas.

No hay individualidad biológica sin la existencia de una membrana
semipermeable. La membrana estabiliza la vida.

Así, a nivel de la proto-célula, la formación de vesículas es fundamental para
la transición de la no-vida a la vida.

Aquí estamos frente a la cuestión del origen de la vida hace 4 billones de
años con la formación de vesículas en los océanos.

Vesículas y  reacciones metabólicas dan proto-células que van proliferar.

Luego tenemos la formación de aminoácidos, de ácidos nucleicos, de genes.

Lo que me parece importante aquí es la noción de un encadenamiento auto-
generado, auto-producido de procesos o sea la noción de un continuo
biológico.

Por auto-producción entiendo el tipo de organización circular que hace de
una célula un individuo.

A nivel molecular el sistema produce y regula su propia topología interna así
como sus límites funcionales.

Las bacterias procariotas constituyen comunidades microbianas muy
tolerantes; pueden intercambiar sus genes sin reproducirse compartiendo así
la posibilidad de un genoma común.

Insisto: SIN REPRODUCIRSE.

La reproducción no es una característica crucial para la organización de un
sistema vivo.

Más que eso, lo que me da esperanza al estudiar estas bacterias es
descubrir la existencia de una consciencia no en el sentido de consciencia
fenomenal sino de awareness celular, en otras palabras descubrir la
continuidad entre vida y mente.

Es
le sentiment de l’existence como lo llamó el filósofo francés Maine de
Biran, el
feeling of self dirá Antonio Damasio, el sentido de ser vivo que se
ejerce en el movimiento.

La mente pertenece a la vida – a pesar de lo que nos dijo Descartes.

Básicamente Descartes quito la mente de la naturaleza.

La bacteria procariota es un individuo biológico; en este caso la
individualidad corresponde a la identidad dinámica de la forma a través del
cambio material.

Como sistema autónomo, la bacteria procariota manifiesta una interioridad;
tiene la habilidad de sentir la concentración de sacarosa en su entorno, lo
que dicta su comportamiento.

Consideramos la interioridad como la auto-producción de un interior que
también especifica un exterior al cual esta normativamente relacionado.

Existe una red de reacciones internas que se regenera a si misma y regula el
sistema de interacciones con el entorno a través de la membrana.

La red interna y la membrana co-emergen a través de su relación metabólica.

La relación de la bacteria con su entorno es fundamental y normativa -o sea
cambia su entorno en un milieu en el cual logra realizar un equilibrio.-

O sea vemos la co-emergencia de una interioridad y de una exterioridad.

El sistema es flexible, tolerante.

El interior es ontológicamente anterior a las relaciones interactivas interior-
exterior.

La naturaleza tiene una vida interior.

Esta interioridad conlleva una propositividad inmanente no solamente por la
producción de una identidad dinámica sino también porque el sistema, o  sea
la bacteria, debe entender su entorno para permanecer viva.

A nivel fenomenológico diríamos que esta propositividad es una característica
de una experiencia vivida.

Todo indica que deberíamos alejarnos del cartesianismo. El filósofo Hans
Jonas ya puso los antecedentes para relacionar la fenomenología a la
biología.

Si revisamos la relación naturaleza-vida, es tiempo repensar el tema de la
consciencia y dejar de considerarla como el resultado de un proceso lineal
input-output para verla como una sintonía perceptual y motriz con el mundo.
Esta interioridad muestra los primeros pasos de la subjetividad.

No podemos entender la materia, la vida y la mente si purgamos la naturaleza
de la subjetividad.

Pero ¡ojo! no estoy hablando de caer en un idealismo metafísico. No estoy
diciendo que las formas físicas nacen de una consciencia pre-existente.

Termino con una serie de preguntas.

¿Equivale la cognición al metabolismo?

¿Es el proceso de la vida un proceso cognitivo?

¿Podemos considerar la célula como un sistema cognitivo?

¿Son todos los sistemas vivos sistemas cognitivos?

¿Es el sistema nervioso indispensable para la cognición?

¿Podemos considerar que la auto-consciencia es el sentimiento de ser vivo?

¿Cómo podríamos describir esta empatía que sentimos con las bacterias?

Hable de la consciencia, de un awareness,  a nivel de la bacteria procariota,
¿podemos hablar de una imaginación en la bacteria?


La aceptación de la noción de la continuidad entre vida y mente abre nuevos
horizontes filosóficos. Lo imaginario se vuelve parte de la naturaleza y de la
vida, no como un refugio externo sino más bien como una necesidad
intrínseca para nuestra sobrevivencia.

Gracias.



Aquí cognición se refiere al comportamiento de un sistema en relación a su
entorno.
Conferencia impartida el 27 de octubre 2008.
IV Congreso Internacional Interdisciplinario
sobre la Imaginación, lo Imaginario y la
Racionalidad. UNAM, México.

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