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Music for Big Band no solamente es la primera grabación
realizada en España por Jerry González con una big band, es
también el álbum que confirma el talento como arreglista de
Miguel Blanco, el bajista de La Calle Caliente, quien además ha
dirigido y producido las sesiones.

La relación musical de Blanco y González data de la grabación
en 2002 de la composición “Invitation” que figua en el álbum
Mozambique Soul de La Calle Caliente.

“Este nuevo disco tiene que ver con la muerte sin pretenderlo”
dice bromeando Blanco. Fijémonos en los títulos: Goodbye
Porkpie Hat es un tema por la muerte de Lester Young; Rumba
Pa’Kenny está dedicado a difunto Kenny Kirkland; Fall (Otoño),
Nightfall (¡Anochecer!)
¿Será que nos estamos riendo de la
muerte? ¡Jerry lo hace! Sin duda, pero por
qué no hablar también de serenidad, de
homenaje sereno a grandes compositores
que han marcado la vida de Jerry y del jazz:
Wayne Shorter, Charles Mingus, Enrique
Granados, Larry Willis, Kenny Kirkland.
Desde que González vive en España,
explora nuevos horizontes (pensamos en su
trabajo con Diego el Cigala), exploración
que le ha permitido establecer un puente
musical entre el flamenco y la rumba
cubana y así encontrar un sentido musical a
su exilio voluntario. Hoy en día, su manera
de tocar ha adquirido una nueva madurez –
González aceptó  grabar por primera vez sin
sordina. Hay que señalar que Miguel Blanco
está también emigrado en Madrid y que su
búsqueda de identidad, como la de Jerry,
pasa por el jazz. Los dos músicos muestran
una voluntad de reinventar la tradición,
proponiendo nuevos espacios sonoros,
cuestionando, pero respetando la autoridad.
En suma, andares que caracterizan la
carrera de Jerry González desde hace varias
décadas.

Music for Big Band tiene una real vocación
mestiza. A lo largo del álbum Blanco recurre
a una paleta de percusiones proveniente de
diferentes culturas musicales, lo que da un
carácter embrujador a todos los arreglos:
cajón, bongos, congas, shekere, clave,
timbales, cata, bendir, caxixis. Esta
combinación nada clásica permite una
mezcla de patrones afrocubanos en un
género flamenco, por ejemplo. Cuatro de
los siete temas comienzan por una corta
introducción de percusiones, otra huella de
Blanco que se encontraba ya en su proyecto
anterior: Laietana Jazz Project.
Por la selección del formato y la de los
músicos
, Blanco ha logrado crear el perfecto
ambiente para una libre expresión de Jerry
González. Aparte del trompetista  la orquesta
comprende solistas de primera línea como
los pianistas Albert Sanz, Mariano Díaz y Edu
Tancredi, los saxofonistas Perico Sambeat y
Gorka Benitez, el flautista Jorge Pardo, el
trombonista Norman Hogue, los guitarristas
Pep Mendoza y Dani Pérez.

El álbum inicia con Fall, una composición de
Wayne Shorter que el saxofonista compuso
en la época en que integraba el grupo de
Miles Davis (1964-1970). Con un golpe
discreto, la clave abre la vía a González al
cual se une por algunos compases el
pianista Albert Sanz; es el anuncio de las
estupendas improvisaciones de Benitez,
Mendoza y Hogue. González regresa en la
última parte del tema con un largo solo
intimista y como telón de fondo el
movimiento sensual del shekere. Luego, con
un impulso que suena como un homenaje al
maestro Chico O’Farrill, Jerry y Blanco
cubanizan Goodbye Porkpie Hat, la
composición que Charles Mingus dedica a
la memoria de Lester Young, un arreglo que
desvela el lirismo confesional del
trompetista. Nightfall, la composición de
Larry Willis, pianista del Fort Apache abre el
camino a los solos del saxofonista tenor
Gorka Benitez y al guitarrista Dani Pérez
cuyas progresiones nos remiten a los
mejores momentos de Robert Fripp e
incluso Frank Zappa.
Music for Big Band no solamente es un
disco homenaje, un disco que marca
identidades, es también un laboratorio
sonoro impresionista. Con sus colores, con
sus ambientes y sus movimientos, cuatro
composiciones reflejan bien el ambiente de
este laboratorio. Así, con riffs y solos  
exuberantes, el muy funky El Vito en el
Congo recrea el mundo sonoro rítmico,
diverso y exótico de la selva alrededor de
largos solos groovy de Jerry y Perico
Sambeat. Grana es un largo poema basado
en la pieza La maja y el ruiseñor del
compositor catalán Enrique Granados, autor
de las famosas Danzas Españolas y Valses
Poéticas. El arreglo comienza con un solo de
Jerry González marcado por los clarinetes –
un solo que se parece a un saludo, como se
saluda el alba de un nuevo día, con respeto y
humildad. La atmósfera se vuelve después
solemne con un ritmo  que evoca la soleá
flamenca y, en lo lejano, las palmas de José
Luis Montón, el llamao de Jerry, el unisono
de los metales… Y después las
voces/caminos orgullosos y nostálgicos de
la trompeta y del piano se entrelazan, se
separan y se reencuentran, y finalmente, el
largo solo de piano de Albert Sanz responde
al de Jerry, siempre sostenidos por el bajo
eléctrico de Jordi Fiol. También embrujador y
talvez más misterioso aún, es la corta y
poderosa composición Duende y Aché. Es el
encuentro de dos mundos, el de dos
espiritualidades, dos fuerzas a la vez
contrarias y complementarias, con frases
relámpago con las de la guitarra flamenca
de José Luis Montón, de la flauta de Jorge
Pardo y de los llamados de la trompeta de
González que parecen surgir de una cama
de percusiones. Con su danza de
percusiones y el solo de flauta de Jorge
Pardo, la composición de González y Blanco
Rumba Pa’ Kenny invita al espiritu del difunto
pianista a una paz danzante: ¿sería esa la
forma de burlarse de la muerte, de
adoptarla?
liner notes