Nueva York: dos años después del 11 de septiembre
Milenio semanal, México, 8 de septiembre de 2003
Luc Delannoy
Cancelación de espectáculos artísticos y culturales, una baja de hasta 90 por ciento en
asistencia a museos e incluso creadores muertos. Éstas son algunas de las consecuencias
que trajo el ataque terrorista de 2001 en la ciudad de Nueva York, considerada por algunos
sectores como capital cultural del mundo
Si le pedimos a un neoyorquino definir el espíritu
que anima su ciudad, contestará seguramente: un
espíritu creativo y dinámico mirando hacia el
futuro. Para muchos, Nueva York simboliza el
poder de la creación a tal punto que la ciudad es
frecuentemente considerada como la capital
cultural del país.

Los ataques terroristas del 11 septiembre de
2001, que destruyeron las Torres Gemelas, han
sacudido la economía del país, una economía que
ya estaba en recesión. También pusieron en duda
por un tiempo el papel de la Urbe de Hierro como
capital cultural y despertaron muchas inquietudes
en el mundo artístico e intelectual.

En los días y en las semanas que siguieron al 11
de septiembre, un sinnúmero de eventos
artísticos y de giras nacionales fueron
reconfigurados o cancelados. Estos cambios
fueron principalmente resultado de la inhabilidad
o del miedo de viajar, así como una evidente
evasión hacia las reuniones públicas.

Por ejemplo, el Ballet Nacional de China canceló
todas sus presentaciones, muchas giras de
presentación de libros fueron pospuestas o
canceladas. La asistencia al Museo Smithsoniano
de Washington cayó casi 40 por ciento. Hubo
atrasos serios en el transporte de obras de arte
hacia Estados Unidos.

El aumento en el escrutinio al tramitar visas
estadunidenses que sucedió a los ataques, causó
atrasos y cancelaciones de viajes para mucho
artistas internacionales que habían planeado
viajar a la Unión Americana para actos
previamente agendados. Hubo una pérdida de
ingresos debido a los eventos cancelados y a la
baja asistencia a manifestaciones artísticas, con
la correspondiente disminución en los ingresos
de las tiendas de regalos y cafeterías, así como
por el incremento a costos de aseguramiento en
algunas exhibiciones y eventos públicos.

Miedo, destrucción y recortes: las pérdidas

En Nueva York el ataque destruyó obras de arte
ubicadas en el World Trade Center y a sus
alrededores, obras de arte que suman más de 100
millones de dólares, incluyendo 300 esculturas en
bronce de Rodin; una fuente del artista alemán
Fritz Koenig, simbolizando la paz mundial a través
del comercio internacional; numerosas obras de
Alexander Calder, Joan Miró, Roy Lichtenstein,
James Rosati, Louise Nevelson y Masayuki
Nagare.

También se quemó una colección de 10 mil
fotografías tomadas por el fotógrafo oficial de la
familia Kennedy.

Desde hace varios años el Lower Manhattan
Cultural Council, una institución cultural que
estaba ubicada en el World Trade Center,
organizaba una residencia para unos 150 artistas
visuales en la torre norte.

Pintores, escultores y fotógrafos ocupaban
espacios vacíos en los pisos 91 y 92. Estos
espacios estaban también abiertos al público.
Todos los proyectos y las colecciones de estos
artistas fueron destruidos: exhibiciones
fotográficas, montajes multimedia, cortometrajes,
esculturas, pinturas... El escultor jamaiquino
Michael Richards falleció cuando se derrumbó la
torre norte; él estaba trabajando en el piso 92.

La industria cultural, herida

Después del ataque, el miedo de volar y viajar a
Nueva York afectó directamente la industria
cultural, una industria que representa 13 mil
millones de dólares y más de 130 mil empleos.

El número de personas que visitan Nueva York
se ha desplomado. NYC & Company, el Buró de
Convenciones y Visitantes, estima que la ciudad
perdió entre el 11 de septiembre y el 4 de
noviembre de 2001, 357 millones de dólares por
la baja en el turismo, así como 66 millones de
dólares en ingresos por impuestos.

En el 2000, 37.4 millones de turistas visitaron la
ciudad y gastaron 17 mil millones de dólares. En
el 2001 las cifras cayeron 14 por ciento.

Después del ataque la alcadía anunció un recorte
general en el financiamiento de las
organizaciones culturales. En su nuevo
presupuesto cultural, la alcadía anunció en mayo
de 2003 un recorte adicional de 11.5 por ciento.

Las inversiones han sido congeladas y los
proyectos de construcción han sido atrasados.
Con más de 100 mil empleos perdidos, la tasa de
empleo en general fue afectada. La red de
organizaciones culturales no lucrativas fue
afectada por la baja dramática en las donaciones.
Los fondos usualmente destinados para las artes
fueron entregados a beneficencias involucradas
en el 9/11 relief, como el Ejército de Salvación y
la Cruz Roja Americana. Así que Nueva York tuvo
que enfrentarse a dos retos: el terrorismo y el
estado de la economía.
El entonces alcade, Rudolph Giuliani, pidió a los
neoyorquinos apoyar la vitalidad del espíritu
creativo de la ciudad. Sugirió que ir a eventos
culturales era un acto patriótico. Su sucesor
Michael Bloomberg, en su discurso inaugural
como alcade, describió la ciudad como "el lugar
donde las artes, los negocios, la investigación y
la tecnología convergen para crear la primera
economía urbana del mundo". Giuliani y
Bloomberg insistieron también en el hecho que
los neoyorquinos representan la audiencia
fundamental para los eventos culturales de la
ciudad.

Broadway

El 60 por ciento de los boletos para los
espectáculos en los teatros de Broadway son
vendidos a turistas, pero estuvieron
prácticamente ausentes en esos días. Los que
habían comprado us boletos con anticipación
pidieron la devolución de su dinero. La venta de
boletos cayó 80 por ciento, cinco espectáculos
terminaron su temporada antes de tiempo y los
salarios del personal de los teatros de Broadway
fueron reducidos con el acuerdo de los sindicatos.

Broadway fue una de las prioridades del alcade
Giuliani porque constituye la principal razón de
visita de los turistas a Nueva York, Giuliani
anunció que si la gente realmente quería ayudar a
la ciudad, deberían ir a un espectáculo de
Broadway. Se hizo más evidente que las
organizaciones culturales deben tener una fuerte
asistencia local para sobrevivir.

La alcadía autorizó la compra de 50 mil boletos
-correspondientes a la suma de 2.5 millones de
dólares- para los espectáculos que tenían las
mayores dificultades económicas. La mayoría de
los boletos fueron entregados a los turistas que
pudieron demostrar que habían gastado 500
dólares en tiendas y restaurantes locales. Por
otra parte, antes de tomar su función cono alcade,
Michael Bloomberg hizo una donación de 10
millones de dólares a varias instituciones
culturales de la ciudad.

Museos en crisis

Las razones principales en la baja de asistencia en
la mayoría de los museos fueron la disminución del
turismo y la prohibición por parte de Departamento
de Educación a excursiones escolares.  El Museo
Metropolitano de Arte y el Museo de Arte de
Brooklyn habían perdido la tercera parte de sus
asistencia durante los dos meses que siguieron los
ataques. El Museo de Niños de Brooklyn despidió a
25 por ciento de su personal y el Museo
Guggenhein a 20 por ciento.

Hay nueve museos al sur de la Calle Canal en
Mahanttan, entre los cuales encontramos al Museo
Smithsoniano Nacional de los Indios Americanos,
uno de los destinos más populares en Nueva York.
Antes de 11 de septiembre, los museos en los
alrededores del WTC estaban en plena expansión y
muchos otros tenían planes de mudarse a la
vecindad. Después de los ataques todos estos
recintos ubicados en la parte sur de la isla perdieron
97 por ciento de su asistencia.

Empero, los museos y teatros comerciales de
Broadway y sus alrededores, se recuperaron en seis
meses. Así, en marzo de 2002, el Museo de Arte
Moderno registró cerca de 4 mil 500 visitantes al
día y el Museo Metropolitano había alcanzado un
número de visitantes superior al que se reportó antes
de los ataques.

Una de las razones mencionadas en esta
recuperación, es el incremento en el turismo
nacional y local, así como la calidad de los
espectáculos y de las exhibiciones. "La asistencia
local se ha incrementado de manera muy fuerte",
declaró en marzo de 2002 Glenn Lowry, director del
Museo de Arte Moderno al periódico
The New York
Times.
"Hemos dedicado muchísimo tiempo a
desarrollar una audiencia local y los resultados han
sido buenos."

Tanto el Museo Metropolitano como la Ópera han
orientado su publicidad a la región de Nueva York,
Philadelphia, Boston y Washington. Por otra parte,
Philippe de Montebello, director del Museo
Metropolitano, en un esfuerzo promocional sin
precedente, viajó por Europa para conversar con las
agencias de viajes y las operadores de turismo.

Todos los días una obra de arte

Hay más de 2 mil organizaciones artísticas no
lucrativas en la ciudad. Constituyen la mayor parte
de la industria cultural. Sus ingresos provienen de
fondos gubernamentales, de donaciones y de la
ventade boletos. Estas organizaciones y los artistas
individuales han luchado por recuperarse -muchos
todavía luchan.

Representan museos, teatros, compañias de danza,
artes visuales, música, arte folclórico, literatura,
fotografía...

El sur de Manhattan es la parte mas activa de
Nueva York con mas de 200 organizaciones cultural
y más de dos mil 200 artistas. Según una encuesta
de la Fundción Neoyorquina por las Artes realizada
en 2001, 82 por ciento de los artistas en la ciudad
han perdido 46 por ciento de sus ingresos.
Los teatros representan una industria de 14 millones
de dólares; cada año atraen 6 millones de personas.
Los pequeños teatros de la ciudad perdieron 5
millones de dóalres a raíz de los ataques. Los teatros
al sur de la Calle Canal estaban vacíos. Un poco más
al norte,El Repertorio Español, un teatro español
fundado hace 36 años en la Calle 27, perdió las dos
terceras partes de su clientela y siete empleados
renunciaron de forma voluntaria a su trabajo.

Cuando los teatros volvieron a atraer público, el
diario
New York Post publicó un artículo en el que
llamaba a la parte sur de la ciudad, "zona tóxica". El
público huyó de nuevo. Luego , el ministro de
Justicia John Ashcroft anunció una nueva amenaza
indefinida y toda la población se quedó en su casa...
"Con el miedo que provocó el ántrax", dice Angelina
Firodellisi, directora rtística del famoso teatro Cherry
Lane, "hemos perdido un envío promocional de cien
mil cartas."

En septiembre 2002, un año después del ataque, la
comunidad teatral de Nueva York reaccionó con el
espectáculo
Brave New World, presentado durante
tres días en Broadway. Actores como Harvey Keitel,
Matthew Broederick, Ethan Hawke, Martin Short,
Sigourney Weaver, Amy Irving leyeron poesía,
interpretaron obras de famosos dramaturgos como
Christopher Durang o José Rivera.

Todas las obras tenían por tema el 11 de septiembre
y sus repercusiones en la sociedad. Eran el reflejo de
todas las formas de creatividad que surgieron en los
días y en las semanas después del ataque. Así, por
ejemplo, en la obra
Impacto, José Rivera se refería al
momento "cuando por primera vez uno se da cuenta
que cada instante de la vida debe ser una obra de
arte". Las ganancias de la venta de boletos fueron
entregadas directamente a las familias de las
víctimas.

Para los artistas que vivían al sur de Manhattan, uno
de los problemas más grandes fue la limpieza de sus
departamentos y de sus talleres. Las nubes de polvo
causadas por el derrumbe de las torres dañaron miles
de oficinas, casas y departamentos. El costo
promedio de limpieza de un departamento fue de 3
mil dólares.

Algunos pintores, escultores y videoastas tuvieron
necesidades especiales y sus costos de limpieza
fueron mayores. Muchos han perdido sus inventarios
y sus suministros, exposiciones enteras y
posibilidades de realizar unas.

Algunos artistas han tenido problemas psicológicos
fuertes, lo que influyó en su manera de crear. Felipe
Salles, un joven saxofonista brasileño de jazz,
confiesa:"Acababa de mudarme en la ciudad
cuando sucedió el ataque. Durante muchas
semanas, mi esposa y yo tuvimos pesadillas de
accidentes de aviones, de edificios destruidos, de
bombas; era algo muy pesado. Una mañana
temprano me desperté sudando, ansioso, con una
nueva pesadilla. Me senté al piano para tratar de
sacar esa ansiedad. Compuse el tema "Laura's
Nightmare" (La pesadilla de Laura), un tema que
está en mi nuevo disco". Muchos pintores reportan
que no pueden pintar cuando escuchan pasar un
avión encima de la ciudad. Otros artistas se
preguntan si será peligroso y estresante vivir aquí de
forma permanente.

El jazz para sanar, las letras al ataque

Muchas organizaciones culturales abrieron sus
puertas gratuitamente al público, utilizando las artes
como proceso para entender lo que había sucedido,
para sanar. The Jazz Gallery, una galería de arte
situada a unas cuadras del WTC que organiza
también conciertos tuvo que cerrar una semana. Así,
como declara su director Dale Fitzgerald, la galería
se dedica a promover la comprensión de la historia
del jazz, subrayando su papel en la creación de
relaciones armoniosas entre las diversas minorías que
se codean en el país.

"Jazz es sanar, así que tuvimos que abrir aunque
llegaron pocas personas. Hemos tratado de ofrecer
un lugar de encuentro para artistas y público, para
que ellos puedan compartir sus experiencias y
permitir que la música sane las herdas."

El Museo Metropolitano de Arte había organizado
conciertos gratuitos para dar al público una
oportunidad para reunirse y relajarse. Iniciativas
similares por parte de otras organizaciones
permitieron lograr un mejor entendimiento del papel
del artista y del arte en general en la vida cotidiana
de la ciudad y en la sociedad.

Según Ted Berger, director ejecutivo de la
Fundación Neoyorquina para las Artes, "el esfuerzo
de reconstrucción permitió a más personas entender
el porqué de la necesidad de las artes y de la cultura
en la vida". Por otra parte, algunas bibliotecas, como
por ejemplo la Biblioteca Pública de Brooklyn han
reorientado su política de adquisición de libros y se
enfocan ahora en temas como los prejuicios
raciales, el islam, y organizan platicas con niños
sobre la violencia.

Sin embargo, en la producción discográfica
nacional, aparte del disco
The Rising de Bruce
Springsteen, no hubo en el año que siguió a los
atentados, otro disco de rock o de pop que hablara
de la manera en que el mundo había cambiado.

Los estudios cinematográficos de Hollywood
respondieron con un cambio en su política de
mercadeo. Para que parecieran más actuales, se
borraron las Torres Gemelas en dos películas. La
salida de algunas cintas como
Daño colateral, fue
atrasada varios meses por su contenido, juzgado en
demasía relacionado con el terrorismo

Los escritores afrontaron la situación con pudor,
aunque William Styron, Norman Mailer y Paul Auster
criticaron de forma muy dura la política del gobierno
de George W. Bush, enfatizando la idea de que el
país debería abrirse más a culturas ajenas en lugar
de bombardear poblaciones civiles. Una idea
retomada hoy por toda la comunidad artística en
Estados Unidos. Ojalá no sea el principio de un
nuevo colonialismo cultural ni de una nueva
campaña de mercadeo.