La violencia es una reacción. La reacción de un ser
que se siente amenazado; un ser cuya identidad e
integridad son amenazadas, que es víctima de un
orden social o de un sistema agresivo; que, por
tanto, pierde su libertad y sus derechos.

Una persona que se siente limitada, presionada,
indefensa, frustrada, víctima de mal de amor,
dispuesta a un desquite emocional, puede
reaccionar violentamente. La violencia traduce,
pues, una rebelión, una resistencia.

La violencia también puede surgir en alguien que da
pruebas de un carácter de conquistador. Por último,
un sentimiento de temor o de inseguridad también
puede engendrar la violencia.

La violencia puede manifestarse en forma de llanto,
gritos, golpes, peleas, matanzas, la guerra, el
suicidio, el alcoholismo, el hooliganismo, en una
conducta agresiva al conducir un auto; en el
lenguaje, en la sexualidad.

Se manifiesta, asimismo, en toda forma artística
como la escritura, la pintura, la escultura, la música,
la danza, el teatro o el cine. Toda forma de creación
artística puede entrañar una obsesión, capaz, a su
vez, de engendrar una forma de violencia.
Podríamos citar, al respecto, los suicidios de
algunos artistas o las violentas iras de Bethoven.

Todas esas formas de violencia se encuentran de
una manera u otra en la literatura mundial.

La violencia se manifiesta, también, a través de la
censura y la represión.
Así, la violencia en la literatura es también la
violencia contra los escritores. Por el mundo entero,
centenares de escritores están en cárceles, por
razones ideológicas o simplemente por ser
escritores.

                               * *


En la literatura, la violencia muestra los grandes
conflictos de la humanidad que, en realidad, son los
combates que el ser humano entabla contra sí mismo.

Sabemos que la violencia esta presente en la
literatura oral africana, en la poesia guerrera por
ejemplo. La literatura oral africana es casi siempre
relacionada a la música y habla de estructuras
sociales, culturales, politicas y económicas de la
sociedad tradicional.


De la poesía enanga de Tanzania a la poesía zulu y a
la poesía bereber, el bardo siempre toca un
instrumento cuando recita sus textos.

Habibu Selemani (1929-93) de Tanzania era un
maestro de la poesía enanga, una poesía que
siempre se alía al toque de la cítara.

Ahora, ¿es la música un vector de violencia en la
literatura escrita?

Como tema, la violencia fascina al autor, atrae al
editor y al lector. La violencia permite a ciertos
lectores librarse de su rutina cotidiana.

Podemos preguntar si la literatura es víctima de la
violencia. ¿La necesita para subsistir? ¿Se ha
convertido la violencia misma en un efecto de
mercadotecnia? ¿O lo ha sido siempre?  Escritores
exhibicionistas para lectores voyeuristas.

Como manifestación cultural, la música no ha
borrado los prejuicios raciales, étnicos ni políticos.
Tanto en la realidad como en las novelas, la música
puede ser el refugio de personajes solitarios,
prestos a quedar a la deriva.

Así, tal es el caso del personaje Hannibal Lecter, que
hace una desviación de la música y el arte en
general. En ese caso preciso, el autor, el
norteamericano Thomas Harris, utiliza en sus
novelas
Silence of the Lamb y Hannibal la
yuxtaposición de la violencia, del arte y de la música
para crear una perversión.

Hannibal Lecter da pruebas de una violencia
refinada. Su violencia nos es tanto más insoportable
cuanto que él sabe apreciar la ópera y la música
clásica occidental que, por regla general, son
atributos de la burguesía. En lugar de rescatar la
violencia, la música la acentúa. Hannibal es un héroe
cuyos pasos
seguimos con terror, pero también, confesémoslo,
con interés. Quedamos como rehenes de su
violencia. Nos volvemos voyeuristas.

Veamos ahora por un instante al músico y su
importancia como factor de violencia en la literatura
escrita norteamericana y, en particular, en la “novela
negra”.

Nadie puede negar que el esclavismo y la
segregación racial son formas de violencia. Hicieron
hacer una literatura que se manifestó bajo la pluma
de James Weldon Johnson, Ralph Ellison, Richard
Wright, William Attaway, James Baldwin o, incluso, de
Toni Morrison. Luego, ante este telón de fondo se
desarrollará el blues.
En los Estados Unidos, el esclavismo y la
segregación racial engendraron la aparición de
ghettos en los cuales se desarrollaron ciertas
formas artísticas. Una de ellas es el jazz. Música muy
a menudo marginada, en opinión de algunos no
puede ser más que una música creada por y para
marginados. La novela negra norteamericana de la
primera parte del siglo XX se valió, abundantemente,
de esta marginalidad.

Como su antepasada, la novela gótica inglesa del
siglo XVIII, la novela negra norteamericana es testigo
de su época. Los Estados Unidos doblan el cabo del
siglo XX preocupados por dos mitos: el del Espacio,
amplificado en la literatura de Western, y el del
Poder.

Serán el trasfondo de la novela negra que verá la luz
del día con Dashiell Hammett a comienzos del siglo
XX, es decir, pocos meses después de ser
promulgada la decimo-octava enmienda a la
constitución, que establece la prohibición alcohólica.

Todos sabemos lo que siguió: la aparición de una
criminalidad a ultranza, el desplome de la Bolsa de
Nueva York, la ruina de pequeños capitalistas, el
cierre de industrias. La consiguiente crisis de 1929
demuestra la ruina de la economía del país. Por
doquier está latente la violencia.

La novela negra coloca a sus personajes en ese
decorado dramático, en que la separación ente el
Bien y el Mal está cubierta por una neblina. El
American Way of Life descubre sus antagonismos.
Empieza entonces una búsqueda desenfrenada del
Poder. Es el reinado del individualismo absoluto.

Utilizando todo un reparto de personajes que van de
lo “privado” a la pequeña fuerza de choque que
tiene una chispa de ese Poder, la novela negra se
dedicará a describir un comportamiento individual
para mejor precisar el funcionamiento de una
estructura.

Leer un extracto de la novela  
Shake him til he rattles
del autor norteamericano Malcolm Braly.

"Carver incendió un cigarillo, sopló el humo sobre el para-brisa
mientras vigilaba la puerta. Carver conocía el antro. No tenía
permiso para vender cerveza o vino. Era una sala con poco
muebles. La mano que tenia el cigarillo hizó un movimiento de
asco. Al pensar a Gabiness se despertó el fuego que devoraba su
mente; era como un fuego de trapo mojado, sucio y nauseabundo.
Mientras el gemido del saxo alto de Gabiness arañaba sus oídos,
el buscaba cual pretexto podría usar para llamar a la policía y
armar un tremendo desorden en el antro. Pero tenia sus ordenes,
las redadas estan prohibidas por el momento. Aun en contra de
los músicos. Ellos eran la hez de todos los inútiles. El virus de la
epidemia beatnik."


Cuando hablamos de segregación racial,
inmediatamente pensamos en los músicos de jazz
que fueron sus víctimas en el Sur de los Estados
Unidos. Imaginemos una orquesta mixta: los músicos
blancos entran a escena por una puerta, y los
negros por otra. Y cuando se habla de la prohibición
que cayó de lleno sobre los cabarets y los bares,
pensamos en los jazzistas que los frecuentaban.

Así como la novela negra, el jazz propone un
enfoque del paisaje cultural norteamericano del que
nos da un reflejo a la vez realista y barroco. Por
oposición, la novela policíaca de misterio, sitúa
ordinariamente su acción en medios más burgueses
y favorables a la música clásica. El celebérrimo
inspector inglés Morse es aficionado a la música
clásica. Su creador, el escritor Colin Dexter, lo lleva
a menudo a la ópera, hasta el día en que se comete
un asesinato durante un ensayo de La Flauta Mágica,
de Mozart...

La ópera siempre ha sido fuente de inspiración para
los escritores; así, la norteamericana Barbara Paul
escribió una novela, intitulada Prima Dona sobre un
asesinato en la ópera de Nueva York. Cuarenta años
antes, en 1951, Helen Traubel ya había escrito The
Metropolitan Murders. En 1989, Thomas Godfrey
publicó una antología, con cuentos de once autores,
a la que bautizó Murder at the Ópera... En la
literatura, la violencia no reconoce fronteras
sociales.

Querámoslo o no, aspectos sociales o raciales como
los de la droga, de la prostitución o de la injusticia
social constituyen el telón de fondo de la evolución
del jazz y, muy a menudo, la vida de un jazzista se
confunde con una novela negra. ¿No se dice con
frecuencia que tal o cual músico sería un buen
personaje de novela o de película? Un buen ejemplo
nos ofrecen las dos figuras trágicas de Billie Holiday
y de Lester Young.

El músico es asociado al hampa, a los bajos fondos.
Por lo demás, son gángster los que abren ciertos
clubes de jazz. Recordemos a Owney Madden, quien
en 1923 inauguró el Cotton Club en Harlem.

Leer un extracto de la novela
Rapsodia para los
angeles negros
de Terry Stewart.

Había cinco negros en el cuarto. Era un cuarto amplio, con mucho
desorden. Sobre los muebles había partituras cansadas,
ceniceros desbordandos y botellas media vacías.  Objetos y
siluetas se perdían en una niebla azulada, una niebla que desteñia
el cobre de los instrumentos… De repente, agitado de una fuerte
rabia, Baruch Casey  tiró hacia el techo una larga nota ,  era como
un grito animal, y de una vez, como si era una señal, todos los
negros lo seguieron con el ritmo en sus pies.

Cuantas veces se repitieron estas escenas en la
vida de un músico de jazz?  

Ahora vemos un extracto de la novela
Shake him till
he rattles
del escritor Malcolm Braly.

Corrieron hasta perderse con desesperación en los compases
estruendosos de Moon 421 un tema de jazz creado y bautisado
talvez en las primeras horas de una  mañana de drogas, en el
cuarto 421 de un cualquier hotel de paso.
Cuantas composiciones pueden identificarse con el
Moon 421 del escritor norteamericano Malcolm Braly
? Un autor excepcional que pasó muchos años
encarcelado por robo y otros delitos.

En 1930, Nueva York se ha convertido en la
metrópoli norteamericana del jazz. El país está
recuperándose apenas del gran crac económico; y
acaba de abrogarse la prohibición, y los Estados
Unidos necesitan distracciones. Por entonces, el
jazz es considerado como música de baile, destinada
a la clientela de los cabarets, los dancings y los
music-halls.

Sin embargo, en Los Ángeles, en el Paradise Cellar,
cabaret administrado por una banda de truhanes y
frecuentada por gentes de color, se desarrollan
endiabladas jam sessions. Este cabaret y su barrio
inspiran al escritor Raymond Chandler para situar
algunas de sus novelas.

Otros establecimientos de la ciudad ofrecen,
durante toda la noche, alcohol, alimentos, mujeres,
juegos de azar y piano. Sus clientes se encuentran
allí a Fats Waller o bien a Art Tatum rodeados de
escritores.

Aunque un músico pueda ser un drogadicto, un
alcohólico o un psicópata, no necesariamente lo es.
Tocar en un bar no lo convierte en alcohólico. Pero,
a menudo, un autor se verá tentado a presentar al
músico como un ser trágico, para ganarse la
atención y la simpatía del lector.

Al acercase los años 40, el jazz sale de su
clandestinidad. En las ciudades más importantes del
país se inauguran centros que contratan a conjuntos
pequeños. El público redescubre las figuras
legendarias y Nueva York prepara el éxito de la Calle
52.

El jazz florece, y la literatura se mezcla con él. Entre
las obras por entonces publicadas, un libro se
destaca particularmente:
Young Man with a Horn de
Dorothy Baker. Será llevado a la pantalla por Michael
Curtiz y traducido al francés por Boris Vian,
(trompetista, a su vez). Esta biografía novelada del
trompetista Bix Beiderbecke es una verdadera
novela negra.

Algunos escritores alimentan las crónicas musicales
de revistas como
Jazz Information o Down Beat, que
circulan entre los medios musicales e intelectuales.
El antropólogo norteamericano Ernest Borneman se
declara en contra del be bop. Sus textos se traducen
y publican en la revista francesa Jazz Hot. En 1959, la
Série Bleme de la editorial francesa Gallimard publica
una novela de Borneman, Tremolo. Historia sombría
de músicos, esta novela tiene el mérito de constituir
un resumen de los gustos musicales del autor.

En su novela
Lowdown publicada en 1958, el
novelista Richard Jessup pone al descubierto toda
la maquinaria del show-business narrando la sed de
oro y de éxito de un cantante popular. Con un
cinismo aterrador, el autor re-crea las relaciones de
fuerza que hay entre el artista, el productor, el
empresario y los músicos. Describe la vida de los
estudios de grabación, denuncia las amistades
sospechosas con todos los medios. Pero sobre
todo, esboza el retrato realista de un músico.

Extracto de la novela
Lowdown de Richard Jessup.

- Tengo que pensar...
- No. No tienes tiempo. Sweets arma la empresa esta misma
semana, solo espera que su abogado le entrega las escrituras.
Este idiota la quiere registrar en el Estado de Nueva York.
- Y tu?¿ En Nueva Jersey?
- No. En Delaware. Las leyes son mas flexibles y los impuestos
menos sangrones.
- Eres un cabrón listo! Pareces medio tarado y medio genial.
-Talvez pero no tenemos tiempo que perder. Conozco un
muchacho relacionado con la mafia que cobra a los vendedores
de discos. Podríamos ir a veerlo, proponerlo un bien trato para
que nos ayuda con esta mafia.
- Cual mafia?
- Pues la mafia que obliga a los vendedores de discos de
América a pagar para tener una protección!


Como individuo, el músico trata de imponerse frente
a la sociedad. Y como la novela negra también
intenta imponer al individuo en una sociedad, el
músico puede desempeñar un papel esencial en ese
género literario.

Extracto de Alfred Silver.

Siempre hay unos músicos desempleados rodeando alrededor
de los mejores clubes. No es difícil indentificarlos. Son como
esponjas, tienen abiertos sus ojos y sus oidos, absorban todos
los chismes, con la idea de encontrar una chamba en una
orquesta antes de quedarse sin un centavo.

Algunos tienen suerte. Confían en la orquesta co nla cual se
quedan 6 o 8 meses sin preocuparse de buscar otro empleo.
Cuando se desbanda se quedan en la calle. Es la misma historia
siempre.

Otros aceptan empleos como taxista o mesero mientras
encuentran un hueso. Pero dentro de 20 años seguirán con su
mismo taxi o serviendo hamburguesas, sacando su guitar o su
saxofón el sábado por la noche para una descarga con los
amigos.


El músico, generalmente personaje de una odisea
patética y desesperada, es ora testigo, ora actor de
una dinámica social. Abandonado a sus propias
fuerzas, en lucha con un universo marginal, el
músico no resiste la hostilidad ambiente de la ciudad
y su violencia; navega entre su conciencia y su
superación. La música puede ayudarle, pero también
mandarlo al mundo de los parásitos, de los
gangsters. Sin embargo, por ser individualista y
mediante la soledad de su vida cotidiana, no respeta
las jerarquías y se convierte en blanco del Poder.


Extracto de un articulo publicado en la revista
norteamericana de jazz
Down Beat del mes de
Febrero del 1948.

La censura del blues, ya plenamente y oficialmente establecida
en las  peliculas y en las obras de teatro, se extendió esta
semana cuando el teniente de  alcalde, el Sr Joe Boyle, ordenó la
destrucción por la policía de 400 copias de tres grabaciones de
blues considerados obscenos por la misma policía cuyo jefe es el
mismo  Boyle. La venta y el uso de estas grabaciones en las
vitrolas fue prohibida en la ciudad de Memphis. El jefe de policía
aprovechó la oportunidad para felicitar
Lloyd Binford jefe de la oficina de la censura de Memphis.


En realidad podemos preguntarnos si se trata de un
extracto de una novela policiaca o de un extracto de
articulo de prensa !

Para el músico, es imposible asimilar sus desdichas
a simples pesadillas. Así es la vida, y la novela negra
habla de esta realidad comprobable. Ambas se
confunden perfectamente, como la soledad y la
nostalgia del músico puede confundirse con la del
público.

Extracto de la novela
Alarma Blanca del escritor Jack
Webb (1958).

Ella estaba sola. Se sentia esta soledad en su voz, una voz de
blues…una voz que llevaba el blues de una vieja herida, una
herida que tenemos cada uno en nosotros, en nuestra alma,
como un tormento secreto, que no podemos olvidar…
… y cuando los blues que cantan en nosotros tienen una melodía
eterna, un quejido de todos los tiempos, entonces es como si
hubieramos ganado. Nos dirigimos a todos, a todos aquellos
quien cargan este dolor en el fondo de su corazón.
¿ Y no es el destino de cada uno de nosotros de tener esta carga
?


Esta poesía del instante mezclada al realismo el más
crudo, el músico la puede crear, y darle vida aún en
sus días los más desesperados.

Extracto de
Down There de David Goodis.

Siete años después del entierro de Teresa, el empezó a errar por
las calles de Nueva York, ciego, indiferente a los semáforos,
insensible a los cambios del clima, sin preocuparse de la hora,
del día, del mes. El daba vueltas en medio de la nada.

Es cierto, estabas loco. Infermo, asqueado de todo. Y tus dedos
se rechazaban a tocar las teclas, al no más ver un piano estabas
paralizado. Tus dedos eran como tenazas, impacientes de
encerrar el cuelo de un amigo, de este hombre noble y generoso
que te abrió las puertas de Carnegie Hall.

Subiste en el primer camión que salía de la ciudad. Llegaste a
Filadelfia. Unos días después estabas en un bar, uno de estos
lugares donde un trago cale 15 centavos. Te aceptaron en la
cocina para lavar los platos, barrer el piso.

Pero allá en la salo había un piano; lo estabas mirando siempre.
Una noche preguntaste al barman “me das permiso para tocar?”
- Tu, tocar?
-Pues so, yo! Creo que podría.
- OK, esta bien. Pero por favor trata que sea música.

Luego te sentaste al piano; miraste las teclas un buen rato, y
miraste tus manos...
-Que esperas, dijo el duño. Vaya, toca!

Levantaste las manos, las pusiste sobre el piano y tus dedos
tocaron las teclas. Y los sonidos que nacieron de bajo de tus
dedos, eso fue musica.

Así ocurre con el personaje Eddie Webster Lynn de
la novela Down There de David Goodis. Lynn es
víctima de sus obsesiones, de sus fantasmas.
Músico fracasado, esquizofrénico, sobreviviente en
la selva de una ciudad, Edward se encamina
lentamente al desastre. Durante un tiempo, un piano
miserable lo reconcilia con la vida, lo saca del
mundo angustioso del Bowery neoyorquino. Pero
sólo durante un tiempo. En un bar, se enfrenta a otra
realidad: alguien le entrega una pistola que llegará a
ser su mejor amiga.

Extracto de
Down There de Davod Goodis.

Clifton se levanto, busco a tientas donde se encontraban las
armas, escogió un calibre 38. La verificó, abrió una caja de
municiones, cargó la pistola y la entregó a Eddie.                

- La vas a nevesitar, dijo. Guardala enuna bolsa de tu saco. Nunca
salga sin ella.
Eddie tomo la arma mirándola un largo momento. No le provoco
ninguna emoción. La puso en una bolsa de su saco. A ahora que,
se pregunto? Te quitaron el piano, lo cambiaron por una pistola.
Quería hacer música pero como van las cosas, ya se acabo, se
acabo para siempre. Ahora solamente te queda esta cosa : la
pistola.

Saco el calibre 38, lo manejo con prestaza.

- Muy bien, comento Clifton. Ya empezas bien.
- Pues si, parece que nos llevamos bien los dos.
- Que bueno! A partir de ahora, es tu mejor amigo.


En la realidad actual, para muchos músicos, su arte
es una manera de exorcizar la violencia que
resienten en su ambiente. Ya no se trata de tomar
un arma.

Pero cuando finalmente ese músico, ese personaje
de la novela de David Goodis, toma la pistola calibre
38, o cuando en otra novela un músico huye con su
instrumento, es para intentar, en una última
respuesta utópica, invertir las jerarquías del orden y
el poder de las bandas gangsteriles. Una dramática
lucha a muerte se entabla entre él, la ciudad y su
población. En realidad, es entre él y toda estructura.

Una lucha a muerte que también encontramos en la
vida real y que nos hace recordar, de paso, al
saxofonista Albert Ayler, cuyo cadáver apareció un
día en el East River de Nueva York. Recordamos
también a Wardell Gray, muerto a tiros en un predio
baldío. Recordamos a Lee Morgan, asesinado por su
mujer, a Marvin Gaye, muerto por su padre y a Jaco
Pastorius, asesinado delante de un club en Miami.


Luc Delannoy - © 2002
Inspirado de un texto publicado por primera vez en
L'annuaire du Jazz 1984. Paris, Francia.
VII Encuentro
internacional de
escritores.
Monterrey, México.
Territorios de la
viol
encia
Octubre 2002
La música como factor de violencia en
la literatura.

Jazz et roman noir.

Luc Delannoy