OBJETOS MIGRADOS

MUSICA KRAFTWERK THE ROBOTS


POWER POINT INSTALACION DE SARAH SZE


Siendo filósofo y artista, decidí abordar el tema de los Objetos Migrados desde la
perspectiva del arte y de la filosofía.
No sé si hay mucho que decir y si lo que se va a decir tiene mucho sentido.
Supongo que les entregaré mi propia exposición, hablaré mi propia exposición. Iba
escribir exhibición pero la palabra puede prestarse a confusión.

Todo viene en desorden.

La vida se va sembrando con encuentros; encuentros que transforman. Participamos
como espectadores y a veces como actores en obras musicales, teatrales,
coreográficas, cinematográficas; en una galería o en un museo, dialogamos con una
escultura, una pintura, una instalación y este diálogo nos afecta; leemos poemas,
novelas; nos encontramos en lugares históricos, rozando piedras cargadas de relatos;
en las calles cruzamos miradas, sonrisas, captamos sonidos, palabras de una
conversación llevada por el viento; algunos colores nos deslumbran mientras otros
perfumes nos seducen y sabores varios nos cautivan. Tocamos y acariciamos cuerpos
de hombres, mujeres, niños y ancianos. Todos tenemos vínculos, conscientes o no,
con el arte y sus múltiples encarnaciones; estas relaciones pueden forjar y también
explicar retroactivamente nuestras esperanzas, nuestros miedos, nuestros gustos,
nuestros sentimientos, nuestras pasiones, ideas y valores, nuestros actos, nuestros
errores, en dos palabras: nuestra personalidad, cuyos componentes cambian con el
paso del tiempo.

La música siempre ha estado presente en mi vida: mis padres eran melómanos y mi
abuela paterna, nacida en un pueblito andaluz, una pianista talentosa.

Hoy comprendo que solo existe una realidad: la mía. Solo existe el instante presente,
este presente que ya paso y es remplazado por un nuevo instante.

Si me pongo a reflexionar sobre este instante, fijo el tiempo, determino el tiempo, dejo
de vivir los nuevos instantes presentes, dejo de vivir.

Tal vez por esta misma razón no me gustan los conceptos, no me gustan los objetos o
mejor dicho, estas cosas que se hacen pasar por objetos y que pretenden cosificar los
instantes presentes.

El filósofo neerlandés del siglo 17 Baruch Spinoza considera que el tiempo es la
continuación de la existencia y los budistas una forma de medir el flujo de la vida.

Pero me pregunto si la continuidad de mi vida es una ficción, ya que del mundo, el mío,
y de sus raíces, no vivo más que fragmentos. La vida es selectiva, no hay excepción.
Esta noche es una noche de fragmentos.
Cuando uno emigra ¿de qué hay recuerdo? ¿De quién es la memoria?

¿Cómo me acuerdo de mí?

¿Por medio de los objetos?

No lo sé.

Cuando uno se implanta en un país que no es el suyo, sea su exilio voluntario o no,
debe volver a crearse una identidad propia; es necesario restablecer la relación entre
uno y el lugar donde vive; es uno mismo en otro lugar el que debe volver a construir en
el entorno nuevo.

A esta reconstrucción la acompaña la esperanza del cumplimiento de una promesa, la
de una vida mejor, o por lo menos, diferente. Poco a poco, uno extiende su red de
conocidos, amigos y colegas, y se enfrenta a los retos de un mundo social complejo.

En su vida cotidiana, según sus circunstancias, el emigrante adoptará diversas facetas
de la ciudad o del país que lo recibe.  Al margen de la pregunta ¿quién es? está la
cuestión de saber qué es.

Ante la erosión de su identidad original, el emigrante se adapta entonces a
necesidades y oportunidades nuevas que se le presentan: muy a menudo debe
expresar su alteridad en una lengua que no es la suya; a su alrededor, el paisaje es
diferente, las estaciones cambian y el clima es distinto.

En ocasiones, debido a su desplazamiento y para reencontrar sus hitos, se repliega
sobre sí mismo. A pesar de este semiaislamiento, siempre tiene la necesidad de vivir
elementos de su tierra, pues ella le despierta un sentimiento de pertenencia; pero,
también existe la necesidad de ver lo que otro produce, exiliado como él. Es pues la
afirmación de otra singularidad, como si ello le diera confianza en la suya propia; como
si probar el sabor del otro le confirmara el suyo.

A pesar de todos sus esfuerzos, a pesar de una búsqueda iniciática, los emigrados
nunca tienen en verdad el sentimiento de pertenecer a la tierra que los recibe, incluso
cuando el exilio es para alejarse y reencontrarse ellos mismos en otro lugar –o para
poder descubrir una representación inédita de sí mismos–.

Las identidades nuevas que los emigrantes se crean son híbridas; se componen de
elementos del país de origen y de elementos del país que los acoge. Al identificarse
con reglas diferentes el emigrante interioriza hábitos nuevos.

La parte que cambia de su identidad se vuelve plural; cuando sigue siendo el que es,
su diversidad se enriquece.

Si vive en una ciudad como Nueva York, Los Ángeles, Boston, París o Tokio, su
percepción del ritmo puede cambiar, pues interioriza nuevas experiencias rítmicas; esto
también vale si decide dejar una gran ciudad por la provincia.

En las conjugaciones de la gramática castellana tenemos que inventar un nuevo
tiempo: el presente continuo y eliminar los 3 pasados como el futuro.

Los tiempos gramaticales son esquizofrénicos, los objetos son causa de bipolaridad.
Nos llevan al exilio, nos exiliamos de nosotros mismos.

Si vivimos lo efímero, no hay fronteras, desaparece la separación entre sujeto y el objeto.

POWER POINT BUSHMAN

He viajado durante más de 40 años, siendo siempre un extranjero en una tierra nueva.
No me acuerdo cuantos documentos migratorios he tenido.
Soy un cuerpo migrante en proceso de constante transformación, mi cuerpo siempre es
otro y me pregunto si realmente tiene caso de hablar de mis experiencias migratorias
ya que el pasado solo se materializa aquí y ahora.

Y sigo preguntándome si la añoranza tiene caso.

Para permanecer en buena salud no es necesario contar lo que uno hace o lo que uno
ha hecho.

Soy un migrante sin objetos y me gusta el olvido.

POWER POINT ROSADA

Los recuerdos no son más que fragmentos, el presente también.

¿Quién pone sus recuerdos en una serie de tupperwares o de bolsas de plástico?

Un día de mudanza quería poner objetos del pasado en una bolsa.
En el periódico del día vi un anuncio para una bolsa. El anuncio decía “bolsa grande a
bajo precio” y venia la fotografía de la bolsa.

Llame a la tienda.
-        ¿Qué tamaño tiene esta bolsa grande que anuncian?
-        No lo sé. Solo es una bolsa, me contesto el vendedor.
-        OK, pero ¿qué tamaño tiene?
-        ¿Quiere que la mide?
-        Pues sí, me ayudara a tomar una decisión, si la compro o no.
-        Sigo el empleado: pero medirla no nos dirá nada de su tamaño. Solo es una bolsa
grande.
-        Si toma un metro y lo coloca en el lado más largo de la bolsa, tendremos una idea,
¿no?
-        Pues no creo. No tiene ningún tamaño. Solo es una bolsa.

Reflexione unos minutos sobre esta conversación y llegue a la conclusión que la bolsa
no tenia dimensión, que solo era un punto en el tiempo-espacio.

Los objetos no emigran, solo emigra nuestra mente. Todas las mentes emigran.
Constantamente.

Mi vida se parece a una escultura llena de puertas pintadas que se abren sobre
horizontes exóticos.

POWER POINT RAUSCHENBERG

A veces se parece a un collage musical de John Oswald.

MUSICA DE JOHN OSWALD VELOCITY  

Cada micro segundo es un universo. Deambulo en varias dimensiones de un
multiverso.

Como al filósofo Friedrich Nietzsche me encanta el olvido;  uso la enfermedad de
Alzheimer como metáfora.

¿Tendré realmente la libertad de reconquistar mi memoria? O sea tener acceso a mi
mente.

Mi mente es musical, siempre en una encrucijada, en una frontera.

Los estados fronterizos alojan procesos permanentes de transformación y son fuentes
de inspiración, tanto para lo mejor como para lo peor.

En las ciudades fronterizas todas las conversaciones se transforman en sueños o en
pesadillas, y todos nos imaginamos del otro lado. ¿Pero del otro lado de qué? ¿De
nosotros mismos?

Los sueños siempre son más rápidos que los cuerpos.

Cuando uno se encuentra en alguna frontera, en una encrucijada, la música puede abrir
un camino mediador, un camino que conduzca a otro lugar.

Par mí, al principio, este lugar fue África.

Tenía 10 años cuando pise por primera vez la tierra de la ciudad de Bujumbura.
Viviamos al norte de la ciudad, cerca del rio Rusizi y de la reserva natural del mismo
nombre.

En mis caminatas he visto hipopótamos bostezar en las aguas turbias del rio y
quedarse la boca abierta por media hora, una manada de leones estirándose en el
suelo y mirándome con un aire sorprendido.

POWER POINT HIPO

No había viento. Nubes pesadas caían del cielo. En mi mente solo vivía la voz de la
mujer que había decidido iba a ser mi novia, la cantante togoleña Bella Bellow.

BELLA BELLOW ZELIE

Cuando salimos para Guinea mis padres cargaban las maletas. En la pista del
aeropuerto solo me acompañaban imágenes y sonidos. No me acuerdo si llevamos
libros de recetas o un tocadiscos de pilas.

En nuestro departamento de la bahía de Sangaréa de la capital Conakry descubrí
Franklin Boukaka.  Tenía una oreja pegada al radio.

FRANKLYN BOUKAKA M’BONGO EYIE

Mis deseos musicales no me llevaron a la pasión obsesiva de los coleccionistas. La
necesidad de fijar la música en un soporte como los discos, por ejemplo, nunca me ha
convencido, aunque es innegable que me beneficio de ellos.

El disco es un archivo extracerebral de un imaginario que va y viene; es un objeto de
memoria, un catalizador a veces necesario que nunca me importo mucho.

La espontaneidad de la música fue lo que me sedujo cuando nuestros caminos se
cruzaron por primera vez.

Y cuando finalmente llegamos a Bruselas, en mi adolescencia precipitada, al margen
de las clases musicales sobre Schubert y Mozart, me escapaba con Deep Purple, Led
Zepellin y Jimi Hendrix.

Las voces son migrantes espectaculares.

Escuchan y vean este caso.

Muchos años después, cuando vivía en Paris, iba a visitar a menudo un amigo que
trabajaba para una disquera. Un día de visita me encontré al cantante alemán Klaus
Nomi.

KLAUS NOMI YOU DON´T OWN ME  

Hablar de África y de Klaus Nomi en el marco de la exposición Objetos Migrados me
remite a los genocidios africanos y al éxodo de los alemanes de Prussia al final de la
segunda guerra mundial.  Pero supongo que serian otros temas.

Ahí reside el mérito de esta exposición, ser el detonante de memorias individuales.
¿Qué es lo que enciende las memorias y que impacto tienen en nuestros cuerpos?

Quiero terminar con la voz de Klaus Nomi que falleció hace 30 años, fue la primera
celebridad que falleció de sida. El aria de Henry Purcell Dido’s Lament de la opéra Dido
and Aeneas.

KLAUS NOMI DEATH DIDO’S LAMENT