El reconocimiento ilustra una relación del
sujeto con si mismo, una validación de su Yo
a través el descubrimiento progresivo del
contenido de sus recuerdos. Este
reconocimiento de si mismo implica
entonces una conciencia reflexiva así como
una voluntad de decisión.

El reconocimiento es un acto intencional. Es
el reconocimiento como reconquista de yo
mismo.

El momento pasado no puede nunca jamás
volver al presente, podemos sin embargo
revivir su contenido, un contenido que no es
realmente fiel ya que, tenemos que admitirlo,
es muy dificil de no agregarle un poco de
ficción.

Reconozco el ausente y luego lo vivo.
Entonces, puedo vivir varias historias y varias
versiones de estas historias.

Si hablamos de reconocimiento debemos
aceptar la idea que nuestras memorias
contienen rincones a los cuales nuestra
conciencia no tiene facil acceso.

Hay mucha confusión en nuestros recuerdos.
Debemos des-cubrir nuestros recuerdos y
darles un sentido. En otras palabras se trata
de nombrarlos.

La experiencia  de la escucha es una Erlebnis
, una experiencia vivida. Sin embargo es a la
vez una Erfahrung, una experiencia que
implica una noción de viaje, un viaje
voluntario en el tiempo, hacía los contenidos
de nuestras memorias.

Pero es un viaje sin destino final; este viaje
es un flujo o lo que aparece ser un flujo
alimentado de forma constante.

En su libro Caminos del reconocimiento,
Paul Ricoeur, haciendo referenca al
dicionario Littré, escribe : « lo no dicho reside
en la fuerza del re… »  

La música revela lo no dicho de mi pasado.
¿Cuantas significaciones tiene lo no dicho de
mi pasado? ¿Qué es lo que reconozco - y lo
que no reconozco?

El reconocimiento nos ayuda a comprender
que nuestros recuerdos son lejos, mientras
que la música que escuchamos esta cerca.

Con el reconocimiento pasamos de la
percepción (música) al juicio de un concepto
(recuerdo) que nos sumerge en un estado
fenomenal.  La experiencia del que escucha
es entonces una cuestión tanto perceptual
como conceptual.

Esta percepción y este concepto son a la vez
estado mental y contenido del estado mental
(retomamos aquí una idea desarrollada por
William James).

Cuando escucho una música, los contenidos
de los recuerdos (o sea la representación del
recuerdo) que ella hace surgir, son parte de
mi realidad presente.

Recuerdos y conceptos pueden influir mi
percepción en el instante presente de la
escucha y así modificarla.

Pero una vez presente el recuerdo, ¿que
ocurre? ¿Esta acompañado de música o se
encuentra mudo mientras que afuera la
música, el flujo musical sigue?
¿A dónde va el recuerdo? ¿Se incorpora a una
tela de fondo que poco a poco aparece para
que se desarrolle nuestro presente? ¿Cuánto
tiempo dura?

¿Podemos hablar de duración cuando
nuestros recuerdos y sus contenidos no son
presentes en el presente? El concepto de
duración ¿es valido únicamente en el
presente? ¿Dura el recuerdo el tiempo de la
obra musical?
Este reconocimiento pasa entonces por
el reconocimiento de la responsabilidad
del compositor y de los interpretes pero
también por mi agradecimiento hacía
ellos.

Se trata entonces de una cadena del
reconocimiento, una cadena que se
remonta desde nuestros recuerdos hacía
el compositor de la obra que escucho.

El interprete reconoce en la obra la mano
del compositor antes de aceptar la obra y
de reconocerse como interprete. El
interprete reconoce su responsabilidad;
se acepta en el reconocimiento del otro.

El público dice: « reconozco el estilo de
un compositor, sin embargo no conozco
la obra que escucho en este instante. »

Así como el conocimiento, el
reconocimiento es una aventura;
podemos hablar del placer de la aventura
cuando, en los recodos de una música,
surgen recuerdos olvidados que nos
hacen sonreir.

Podemos entonces dejar de un lado la
música para revivir los instantes, recrear
un olor, volver a ver un color, reconstituir
el movimiento. Nos esforzamos,
buscamos: es un acto voluntario.

Es la reminiscencia como acto activo.
Tiempo y lugares se reencuentran.

Claramente, para la mayoría de nosotros,
la música pone en evidencia nuestra
habilidad de reconocer episodios de
nuestras vidas y de relacionarlos con las
vidas de los demás. Pone también en
evidencia la complejidad de nuestro Ser.
Somos seres colectivos y a través de la
música participamos en una histora
colectiva

Esta sucesión de recuerdos, este vaivén
entre presente y pasado es coherente; lo
vivimos como una corriente continua, in-
interrumpida.

Pero ¿ es realmente un vaivén de lo
perceptual hacía lo conceptual, una
sucesión de instantes?

¿No se trataría más bien de una
superposición de instantes, o mejor dicho
de una disolución de un instante en otro?

En realidad no sentimos una ruptura
cuando, escuchando una obra de tal o tal
compositor, vivimos un viaje que nos lleva
de la música a un recuerdo, a una escena
vivida en nuestro pasado,  y luego de
nuevo a la obra para volver a irse hacía un
recuerdo determinado o borroso.

Cuando en este viaje aparece una escena
de nuestro pasado,

¿Dónde estamos? ¿Somos observadores
o somes partes integrantes de esta
escena?

  
El reconocimiento
2007
« Creo reconocer» dice o piense el
sujeto escuchando una música. ¿Cuál es
el objeto de este reconocimiento? Lo que
aquí es interesante, es que convendría
separar el « creo » del « reconocimiento ».
¿Se trata de « soy dispuesto a creer » o de
« creo»? Si « soy dispuesto a», entonces
implica una voluntad, una volición. Si es «
creo », entonces implica una creencia en
algo.

Son varias etapas posibles: la
disposición, la creencia y el
reconocimiento. Tenemos creencias
olvidadas, que fueron entonces
memorizadas anteriormente y que nos
son accesibles con o sin esfuerzo de
nuestra parte. Nuestras creencias pueden
basarse también en pre-juicios positivos o
negativos.

Estos pre-juicios que, filosóficamente,
fueron analizados con detalle por Martin
Heidegger y Hans-Georg Gadamer,
provienen de nuestro patrimonio innato
(diremos entonces que son inconcientes)
pero también son elementos adquiridos
durante nuestra vida.

Luego podemos decir que tenemos
creencias reprimidas que al escuchar la
música puede resurgir.

Como lo subraya Paul Ricoeur en
Caminos del Reconocimiento el idioma
francés otorga a la palabra reconocimiento
el concepto de gratitud, de
agradecimiento, un concepto fundamental
en nuestro estudio de la conciencia
musical.

En este caso, la gratitud es ante todo
dirigida a uno mismo, y luego a los demás.

Soy agradecido – o sea en el acto de
reconocer – a la música, o sea al
compositor y a los interpretes, que me
ayudan a reconocer mi pasado y a
reconocerme a mi mismo.